martes, 5 de junio de 2012
Yo, el viejo... todo muy familiar
sábado, 14 de mayo de 2011
Nadie le ha puesto nunca gafas a la Gioconda

Conozco el sentir del que está loco por alguien que se empeña en alejarse, bien que lo conozco, pero es la primera vez que debo ser yo quien [sintiendo] dé distancia a lo que no se me permite. Y con ello estoy de nuevo en la línia de salida y, en consecuencia, presente en el ser que precede al pensamiento, sin conocer, por lo tanto, e imaginando casi antes de haber sucedido.
La historia es la de las historias y el único original suele ser siempre muy antiguo. El término post quem de la novela romántica pertenece al estrato de la filosofía y aún el primero que escribió sobre el amor, se dedicó, seguramente, a recopilar historias de voz a voz sobre sentimientos y sensaciones. Después otros serían inspirados de él y otros de otros, construyendo así una teoría general del amor y una literatura particular de las emociones. Y con ello, existe una religión del que ama pero no un decálogo del amor ni una enciclopedia de las relaciones donde pueda buscar referencias que me den respuestas. Sin ésta base bibliográfica y jurídica no tengo otro remedio que buscar en la experiencia del yo y empiezo a adivinarte peligroso y te pienso como aquel que puede sentirme en primera persona, amarme en segunda y tocarme en tercera. Por consiguiente, muchas dudas y un vacío formativo de vivencias.
¿Cómo puedo no tener miedo al no poder saber si los hombres amaron siempre igual o si los cuerpos fueron cuerpos desde el origen de los tiempos?
viernes, 18 de febrero de 2011
Barroco. 1999
Tengo la mente llena de especulaciones y poco más que una pared oscura de realidades. No tengo nada para ti, nada de lo que tú quieres. Sólo tengo un montón de nada interante y especulativo que contagiarte. Cuando por fin te vea vas a escupirme un montón de ¿por qué ahora? “Lo siento, yo...” Y ya estamos otra vez, no puedo con ello. Necesito más segundos de los que voy a tener, no contigo, en mi vida, para ganarme los tuyos. Toda esta mierda profiláctica no sirve de nada porque cuando no pasa, no pasa. Iré, te vomitaré mis sentimientos, más o menos como en un examen. Después escupiré lágrimas hasta que mis bien jodidos pulmones empiecen a ahogarme. Pararé y empezaré otra vez. Si crees que me odias, aún no sabes de lo que vas a ser capaz. Despídeme y ponme algunas tildes. Ya te preocuparás por ello más tarde queriéndome. Debería decir, no eres de esa clase. Mucho me temo, sin embargo, voy a transformarte en uno de esos. Te aborrecerás por castigarme pensando que ese no es tu estilo. No lo es. De hecho habré jugado tanto con tus pelotas que saldrá solo y espontáneo. Cuando [llegado el momento] sientas que me quieres y renuncies al cielo para hacer lo propio, vas a cagarte de miedo. Pensarás que no es justo, que te he manipulado, que he cogido tus inseguridades y las he convertido en sentimientos. Fracasarás pensando que yo ya me he cansado, palparás lo que se siente cuando el caos te la juega percibiendo tú que va a aburrirse. En ese instante me odiarás... por otro lado, estarás competamente jodido y enamorado.
domingo, 9 de enero de 2011
Dame olvido mientras insistes no gastes ósculos. Y lee que tú me entiendes

La Historia ha cosido los desgarros del relato de la Papesa Juana, mártir y asesinada por quedarse embarazada.
Dicen de un conjuro que consiste en quemar dos cartas del tarot implorando el poder del malvado. Para encontrar los arcanos se debe viajar en el tiempo, conseguir del Mago valor y esfuerzo y del alquimista los secretos del fuego en movimiento. Es necesario volver al momento de Galileo para recibir de él la ubicación de una intersección circumstancial. Y digo bien y no me repito.
Algunos hombres buenos, hombres del saber y de la ciencia, viajaron en sueños al siglo del arte bello e iluminado y después de perseguir la Rueda de la Fortuna fueron colgados en la Plaza de San Marco.
No es esta una empresa para cobardes. Insisto. Paso uno. Y aún descubriendo la identidad del conjurador esotérico y del que transmuta la materia en ciencia química, aún haciendo el amor a la rea gitana y combatiendo al Diablo vaticano, nada es seguro porque nada se ha escrito de alguno que haya localizado la segunda carta; secreta y oculta en silo romano.
L es a la primera como D a la décimotercera. A suma 3 a D y N da cuenta de la decimoséptima. Dicho esto, todo lo que debes saber ha sido dado y escrito.
lunes, 3 de enero de 2011
De ojos miel intensos nada genialmente osado. Y lee que tú me entiendes

Barcelona es para mi un campo vectorial porque la vivo como una fuerza dirigida. Sin embargo, vivirla, solamente en un escenario temporal me da la carencia de cualquier otra coordenada circumstancial.
Tratándose del tiempo, al menos no de uno físico, sino uno inteligiblemente pensado, una interrupción supone en mí el caos cuando se trata de un tiempo acotado. Una franja con origen en un beso y un final determinado.
Es desorden retórico y amor deslocalizado, llevado de un punto XY Español improbable a otro X'Y' Alemán seguro, especialmente involuntario y coercitivo.
Dados espacio, tiempo y condiciones falta el hecho. Lo surrealista del vivir me va alejando cada vez más de una materialización posible. Para todas las demás variables MasterCard, o lo que es lo mismo, un hombre que hace a todas depender de él y es a la vez causa primera del no-suceso.
Si quisiera explicarme debería hacerlo así, empleando metáforas que sólo él va a entender. Cuando me pide, que no diga "amor", y de una forma muda y modal tiende periódicamente a hacerlo, un rayo parte en dos el antebrazo de su cobardía. Entendiendo que nos conocimos hace ya algunos años, a estas alturas sus yemas podrían encender una caldera o dar luz a varias manzanas.
La parte de él que me presiona hacia las matemáticas no comprende que las fórmulas me atraen por su estabilidad (al menos aparente) pero conociéndome ya debería saber que lo que me gusta de la física no es que algún día pueda contestar de puntillas a todos los misterios del universo, sino que cuenta ya con todas las respuestas y el reto para el científico es descubrirlas. Y lo que me gusta del físico que las estudia es que pueda amarlas aún antes de conocerlas porque es amor a un nivel que lo lleva a obsesionarse con todo lo que de ellas deriva.
Y esta tortura, este sacrificio y esta espera que me gustan, no son hombre de física (parcialmente no) porque no comparte con Galileo el objeto de su interés pero sí el modo de interesarle las cosas y eso es, ni más ni menos, lo que a mi de él me gusta.
No me obligues a la estadística porque en la Historia no hay nadie que cuente de princesas sin valor casadas con la redundancia.
lunes, 8 de noviembre de 2010
Cómo representar una sinfonía

Hay en la perfección de mi tierra un algo que la hace terrorífica y errática. Compartir Barcelona y saberla infinita es como un punteo de guitarra, una broma deliciosa, un bocado de eternidad, como un sabor empalagoso que se te mete, te infecta y te obliga a amarla. Es un amor envidioso como el del historiador que odia al artista por saberse sin dones, que desea apuñalarlo porque el pintor puede llegar a conocer el mar pensando un verano, oyéndolo, fumándolo. Hay una mirada en Barcelona, una mirada modernista que sonríe cuando oye o ve algo que la emociona; es un secreto que comprendes solamente cuando descubres donde nace todo, cuando llegas al sentimiento de una sangre vetada, traicionada, vilipendiada. Un sentir que ahogándose en expresión sufre encerrándose en el no poder del tiempo. Barcelona da paz a la imagen de una humanidad civilizada que se odia, que se destruye a sí misma. No sé de un solo genio que creyéndose inmortal no sintiera la muerte cada día sentada a la mesa, durmiendo despierta. No sé de un solo genio que al imaginar no sintiera envidia de Barcelona.
martes, 31 de agosto de 2010
Ockham y yo. Al filo de la Navaja.
No hace tanto tiempo el mundo tenía un modo reducido de pensarse a sí mismo. Todo lo que se creía existía e incluso la manera de tratarlo podían descomponerse en elementos simples y simultáneamente indivisibles. ¡Qué hermoso modo de concebir y explicar el mundo! Cuanto menos de comprenderlo.
Análogamente he decidido trasladar esa visión analítica de lo existente a mi persona y por extensión a mi propia existencia. Mi vida está llena de dones (a los que llamaremos partes); algunos son aptitudes, deseos, satisfacciones y la mayoría y por ende los más importantes son personas. Por fin he entendido que hay para mí, que soy el todo, un sentido. Cada una de esas partes indivisibles y generalmente también independientes, tiene un comportamiento individual explicable. El sentido de mi vida es la suma de cada una de esas explicaciones parciales. Supongo que no necesito añadir –pero lo haré- que cuando mis dones cruzan sus razones de ser y se coordinan con otros en el desarrollo de alguna de las muchas acciones diarias que definen mi vida, experimento lo que diría es una pequeña realización.
Hay algunas personas que no entienden el por qué de muchas de las decisiones que tomo. Cada vez que decido y recibo las correspondientes consecuencias, sean estas positivas o negativas, tiendo a pensar que son justas. Esto es porque en la naturaleza de mi decisión y aún en su devenir intervienen mi voluntad y mi libertad. El resto se explica por una única y simple relación a la que antes solían llamar de causa-efecto. Si entiendo mi vida como una concatenación de decisiones no necesito más que echar mano de las consecuencias para explicar el por qué de la siguiente decisión. Todo lo que en mi es variable, y es mucho; lo que escapa a mi voluntad y mi libertad, no es sino precisamente el entorno en el que confluyen todos esos dones. Así pues, cuando me veo incapaz de justificar un efecto a razón de mi libre albedrío sólo tengo que atribuirlo a la influencia de las variables de mi entorno.
Sin embargo, estoy rodeada, familiarmente aquí y allá, de personas que teleológicamente buscan constantemente retorcidos y cínicos presupuestos que motiven mis decisiones. Supongo que les agradaría encontrar una oscura causa final. Una, malévola y degenerada. Después, por el gusto al uso de la lógica de síntesis tomarían todos “los errores de mi vida” y los atribuirían a la misma.
Que puedo decir. Todos sabemos que aquellos que abusan de la síntesis y piensan el mundo de un modo literalmente sistemático, probablemente carecen de la capacidad para entender el papel individual que todas las cosas juegan en ese mundo-sistema.
Pues eso, para no llamarlos estúpidos. Y yo, “que aún soy pequeña” por mi gusto retrógrado y por si las moscas, seguiré amparándome en la lógica causal y el pensamiento analítico durante mucho mucho tiempo. Ellos que piensen lo que quieran.

